Dos tristes malas elecciones



"Este artículo es una estupidez". Lo más probable -dije para mis adentros- es que la mayoría de los internautas que entran a ver este blog no compartan el movimiento freak. Algunos, por salvarse en salud, ni siquiera deben tener muy en claro lo que es "ser freak" -o friqui, como se dice en España-. Sin embargo ha sucedido que, en el día de las elecciones, además de reelegir otra vez al mismo personajillo para gobernar este país, los ciudadanos han elegido -no se yo si con igual criterio- a la canción "Baila el chikichiki" para que nos represente en Eurovisión.
Algunos de los extranjeros que llegan a este país vienen con un preconcepto de los españoles que no favorece a nadie. Los argentinos, sin ir más lejos, con sus chistes de gallegos, los personajes de Niní Marshall o el célebre Manolito de "Mafalda" han extendido la idea de que España es una nación de gente bruta, iletrada, folklórica y cateta. Nada más lejos de la realidad.

Puede que Rodriguez Zapatero haya sido reelegido por ser, para algunos, el mal menor. De ser así, esto evidencia que no representa al ideario político de todos. Por eso la victoria -y me atrevo a pronosticarlo antes de que abran los comicios- será ajustada.
Siguiendo esta línea argumental, resulta válido admitir que por mucho que el PSOE gane las elecciones la política de Rodriguez Zapatero representa al conjunto de los españoles tanto o más que el "Chikichiki"...
A los argentinos -tierra natal- les recomiendo que no aprovechen este festival de Eurovisión para reeditar por decimonovena vez los "Chistes de gallegos VI". No sólo por que ese tipo humor sabe a rancio sino porque, según parece, el representante de España en cuestión, notable cantautor, nació en la maravillosa ciudad de Buenos Aires. Su llegada a la pantalla pequeña se produjo hace relativamente nada -craso error- y de la mano de, como no, El Terrat.

Por supuesto que había otras opciones para representarnos en el certamen y sino mirad el vídeo de otro de los finalistas: "La Casa Azul". Lo que sucede es que, a veces, gana el que más ruido hace por muy idiota que suene. Y eso no ha de sorprender a nadie, porque nuestra clase política es vanguardia del movimiento freak.