Deteniendo a los que me detuvieron...



Novedades: al escándalo de los Mossos la comisaría de Sants, le siguen los atropellos de la Unipol de Santa Cruz de Tenerife. ¿Qué sucede? ¿Se destapa la olla de la brutalidad policial en España?
La justicia le exige a los Mossos de Escuadra 400 horas de video grabadas en sus dependencias mientras los Mossos marchan en una multitudinaria protesta por las calles de Barcelona. Una marcha sin incidentes...

Algo huele a podrido en algunas comisarías. Y no vale la pena oír a los efensores del orden público y las causas perdidas cuando hay tanto abuso policial a nuestro alrededor. No tiene la menor importancia que sean casos puntuales, lo que sucede en las comisarías nunca es de dominio público y los policías, en lugar de intentar limpiar su buen nombre con multitudinarias manifestaciones, deberían comenzar a denunciar a los/las compañeros/as que abusen de su poder y se extralimiten en sus funciones.

Es evidente que no todo el personal del cuerpo de la policía actúa de este modo. Así que no hay méritos extraordinarios en que un policía haga bien su trabajo. Pero ¿qué sucede cuando no es así?
Es necesario controlar a los que nos controlan. Y toda prudencia es poca. Le corresponde al Estado demostrarle a los ciudadanos que las fuerzas de seguridad no son injustificadamente violentas ni corruptas. Al fin y al cabo la violencia de Estado que ejecuta através de policía es legal y eso a mucho psicópata frustrado le da juego. ¿Quién de nosotros es capaz de jurar que la violencia monopolizada por el Estado no degenera en brutalidad?

Citando a Núria Calvet: "Hoy hace treinta años que murió el dictador y tenemos un gobierno de izquierdas, con muchos políticos que, cuando soñaban un mundo mejor, tuvieron que correr perseguidos por las porras de la policía. Pero algo ha fallado cuando la policía, ahora ya propia, no ha aprendido formas de actuación más respetuosas con sus ciudadanos y sobre todo, con buenos estudiantes que como nosotros entonces, lo dábamos todo por un mundo más justo". Es preferible una sociedad sin fuerzas de seguridad y con las prisiones vacías que un caco vestido de juez y un asesino de uniforme. Como bien dijo el otro día una vecina: “¡Que nos patrullen las putas, ya que sus hijos nos han fallado!”