De la Nochebuena a la Nochevieja


01/01/2007
Y finalmente el 2006 entró en los manuales de Historia. Y no se fue sin llevarse un par de personas de mi entorno, pero también se llevó a Pinochet, así que la tristeza se mezcla, como mínimo, con una sensación de telón y suspiro.
Augusto Pinochet, protagonizó su 11-S contra una democracia legítima sin derrumbar ningún par de torres gemelas. Curiosamente, EEUU no sólo no intervino para “reconstruir la democracia” chilena sino que apoyó al sanguinario General en sus propósitos...
Su mandato de terror engendró un régimen fascista de larga duración –desde 1973 hasta 1990-, una larga convalecencia de la cual el Chile actual no ha salido ni indemne ni bien parado. Augusto Pinochet, por el mero hecho de ser un criminal sanguinario, debió pasar los 16 años que le quedaban de vida pudriéndose en una cárcel, pero, muy por el contrario, se pavoneó por el mundo haciendo declaraciones vergonzosas, como su célebre "en Chile no se mueve una hoja sin que yo lo sepa". Un hombre tan inmoral que fue capaz de ir por Inglaterra en una silla de ruedas, de visita a ver su amiga Margaret Thatcher, y a su retorno a Chile –escapando de la Justicia y del juez Garzón- bajó del avión por su propio pie como si de un milagro se tratase.
La farsa de “tata” convaleciente retornó el año pasado en el juicio contra los crímenes que cometió a cargo de la DINA. En su declaración alegó: "No se acuerdo (de lo sucedido), pero no es cierto. No es cierto, y si fuera cierto, no me acuerdo".
Murió. Sin más y finalmente, la Bestia ha desaparecido. Pero vale la pena preguntarse qué validez tiene nuestra justicia si un hombre puede escapar de ella impunemente, sin siquiera temerla.
Augusto Pinochet fue un cerdo que durante 33 años se ha atrevido a desafiar y burlar -que se ha cagado, vamos- en todos los valores que custodiamos como pueblo: la Justicia, la Democracia y la Libertad...

Hace veinte años Margaret Thatcher estaba en plena forma. En la Conferencia del partido conservador de 1986, la señora decía sin tapujos "Children who need to be taught to respect traditional moral values are being taught that they have an inalienable right to be gay” (Niños que necesitan aprender a respetar valores morales tradicionales, están aprendiendo que tienen el inalienable derecho de ser gay).
No se trata de que lo que salga de la boca de esta señora tenga algún valor, porque todos sabemos que no es así, sino que, al ver al 2006 como el primer año en la Historia de España en el que se legaliza el matrimonio entre personas del mismo sexo, podemos plantearnos ¡cuanto hemos evolucionado con respecto a las generaciones previas!
Y esa sensación de “estamos mejor” parece un ungüento frente a otras reivindicaciones que siguen siendo desatendidas.
La homofobia no es una cosa de ultras fachas y de derechas, no sólo Thatcher, Pinochet y Videla han repudiado ferozmente la homosexualidad, sin ir más lejos, en la época de los Montoneros argentinos, por ejemplo, tanto ellos como la ERP fusilaban a “compañeros” homosexuales.
Por lo tanto la homofobia es un odio que trasciende ideologías y aún así nos hemos abierto camino a través de su espesura por más que el ex soldadito nazi de Benedicto XVI berree, este año, que "la homosexualidad es un desorden objetivo. La Iglesia Católica debe acoger con respeto, compasión y delicadeza a todas las personas homosexuales, pero exigiéndoles también que vivan en castidad". Hemos puesto un poco de lógica a un mundo fanático conducido por miedos absurdos y afanes religiosos.
¿Pero hasta donde llegan las reformas legales si no son acompañadas de reformas sociales, si entre las declaraciones de Thatcher de hace 20 años y las de ayer de Benedicto XVI no hay diferencia?
La Iglesia católica no ha parado de atacar verbalmente –y no tan verbalmente cuando las condiciones se lo permiten- los derechos individuales más básicos. Todos recordamos el ahora difunto Arzobispo de Buenos Aires, Antonio Quarracino, cuando en 1994 declaró que “los homosexuales son una sucia mancha en el rostro de la Nación.” La rata de sotana murió cuatro años mas tarde, pero parece resucitar en cada nueva pastoral.
¿Acaso las pastorales contra la violencia de género no decían claramente que el feminismo y la conducta de muchas mujeres eran causa de las más brutales palizas? ¿Y hasta cuando vamos a tolerar que la Iglesia lance acusaciones que, dichas por cualquiera de nosotros, serían justamente condenadas y castigadas como apología a la violencia? La práctica de la homosexualidad es una de las reafirmaciones de libertad. La pregunta es por qué toleramos que la homofobia, la misoginia y la xenofobia se pavoneen impúdicamente por los pasillos de nuestras instituciones, sabiendo que los políticos, arzobispos y curas que hacen este tipo de declaraciones se llenan los bolsillos gracias a lo que rapiñan de nuestros impuestos. Parece que los cerdos juegan con nuestra paciencia...

“Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después... a sus simpatizantes, enseguida... a aquellos que permanecen indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos”. Videla, incauto, nunca imaginó que sus declaraciones iban a tener una vida mucho más larga que el Estado fascista que impuso en 1976 en Argentina. “Si quieren venir, que vengan...”
Ante la pregunta ¿por qué la Argentina, siendo un país tan rico en materias primas, se ha hundido?, les propongo ver el índice de la población bajo la línea de pobreza del INDEC.
En Argentina existe pobreza y mucha miseria gracias a una voluntad política que la crea y la sostiene. Es un país en el que los maestros de escuelas públicas pasan hambre, porque mientras menos sepan, más dóciles serán los borregos. Argentina ha resultado herida de muerte en 1976 y, como tantos otros países latinoamericanos, sus constantes son preocupantes...
Han pasado 30 largos años desde que el golpe de Estado destruyó económica, institucional e ideológicamente a la sociedad argentina, pero la reconstrucción todavía parece una tarea imposible. Cuando finalmente el país miraba a su historia y quitaba retratos de militares homicidas del salón presidencial, Jorge Julio López, testigo clave de los secuestros protagonizados por Miguel Etchecolatz
y Hugo Guallama, ha desaparecido en este 2006.
El silencio y posterior muerte de este albañil de 77 años, evidencia hasta que punto el poder que una vez tuvieron los militares no ha regresado a las instituciones nacionales.

El 2006 ha ingresado en los libros de historia: Pinochet y Hussein han muerto, ambos destruyeron una nación, pero uno muere en su cama y otro en la horca, ¿quién se atreve a explicar por què?
Los individuos de un mismo sexo contraen matrimonio en España mientras el Vaticano, en nombre de Dios, condena la legalización de una pareja que sobrevivió a todos los vaivenes de la historia.
López ha desaparecido y se ha llevado, sin quererlo, la ilusión de que una Argentina nueva renazca de su pasado. El 2006 es historia, esperemos que no se repita.