Una sucesión de desdichados equívocos


¡Ay de los que crean que tener un blog es una buena manera de comunicarse con el mundo externo! ¿Tienes un minuto? Porque voy a contarte un par de experiencias personales con las que tal vez te exorcice la inocencia.

Hacer un blog es mucho trabajo pero no para mucha gente. Esa falta de lectores me fue anunciada por quien hoy es el dueño de uno de los links que tenía por aquí abajo: Piélago.
Mi proyecto inicial era hacer mi propia website, pero este conocido, que no amigo, me dijo que nadie la leería... Esas cosas no las diría alguien que te quiere, ¿no crees?
Como sea, tuvo razón. Revistillas dominicales, de esas repetitivas, tienen más comentarios al pie de artículo que este blog. Pero yo ignoré todas estas cosas cuando, buscando pupilas ávidas, me lancé al proyecto. En estos dos últimos años intenté de todo, pero no todo da resultado...

Así me encontré que mis únicos lectores asiduos y participativos eran un par de amigos compasivos, dos ex parejas, algún obseso sexual que se dedicó unas semanas a insultarme y poco más.
El hecho de que tus queridos amigos sean a la vez lectores es un problema: por lo general tienden a creer todo lo que cuelgo por aquí son mensajes que complementan nuestra relación. Y ese derecho a la libre interpretación acaba siendo un dolor de huevos para cualquier escritor.

A los hechos me remito: Tengo un ex al que adoro, pero que me escribe unos mensajes espantosos cuando cree que los poemas que publico son pedidos de retorno; y una amiga pesada con la que me peleo a menudo y que cree que cada poema de amor y reconciliación se lo dedico secretamente a ella.
Me pasaba de joven, cuando tenía la mala idea de compartir mis poemas, a veces la gente creía que mis versos de temática gay estaban dedicados a mi padre.... (sin comentarios, por favor).
Lo peor: es que cuando existe un verdadero destinatario para mis poemas, éste ni se entera. Entonces la sucesión de equívocos degenera en tal recochineo que se me quitan las ganas de escribir.

Inicialmente este espacio intentaba reflejar el punto de vista de un inmigrante, hasta el día que pensé -cabecita loca- que enriquecerlo con uno o dos poemas de vez en cuando podría resultar interesante...¡y vaya si que estaba en lo cierto!

Moraleja: Si quieres tener un blog que no te de problemas te conviene ser obvio hasta la obscenidad. Comienza cada artículo mencionando a quien diablos va dirigido y acaba especificando para quién no es el artículo. Al final se parecerá esos escritos del siglo XV que estudié en epigrafía, en los cuales el prefacio, el epílogo, etc. son tan largos que el mensaje en sí parece no tener la menor importancia...
No quiero pecar de ingrato, agradezco tanto a toda esa gente linda que me lee y me dedica parte de su preciado tiempo, pero al mismo tiempo me encantaría que cada uno, en su medida, dejara de pensar que todo lo hago en su nombre.

Si tengo tu teléfono, cualquier cosa, te juro que te llamo.