La Unión de Estados Ibéricos


21/02/2006
-¡Están atrapados! ¡Salgan con las manos en alto!-.
Vaya putada. ¿Quién escapa al asedio de la derecha en España?
Tradicionalmente el nacionalismo, así como el nacional-socialismo, estaban vinculados a la derecha más extrema, aquella que en su afán de pureza de sangre exterminaría a 1/3 de los judíos del mundo. Ahora que la política del PSOE ha tenido que pactar, en parte obligada por la encerrona que le hizo el PP, con los nacionalismos periféricos, parece que ser antinacionalista es ser facha.
No. Error. Más que error: mentira.
La dantesca manifestación del Carod-Rovira -ese gordito bigotudo que cantaba sobreexcitado y sudado “Som una nació” anteayer en Barcelona-, llenó la Plaza de España de calcomanías que rezaban “Aturem el racisme anticatalá”.¿Acaso no es extremadamente peligroso -y facha- retornar a un discurso tipo Lo Rat Penat de “raza catalana”? ¿Y no es imprescindible comprender, en la actual coyuntura política, que el término no es gratuito?

Por alguna curiosa y lamentable razón que aún no comprendo, los partidos tradicionalmente zurdos se han unido al PSOE en este “¡Visca Catalunya!” que, aunque en Madrid pueda sonar a reordenamiento justo, aquí se vive como un “feu silenci o parleu en catalá”. Y esto último es innegablemente cierto.
Lo terrible es que el único partido que vocifera esto sea el PP y todos los que somos de izquierda y antinacionalistas tenemos que ver como circulan las hojas de un referéndum que sabemos que nuestros viejos políticos habrían pedido –inútilmente- hace unos cuantos años. Hoy no. El Partido Comunista Español le advirtió sabiamente a Llamazares que se estaba “desvinculando” de la izquierda al apoyar a los nacionalismos. Nada. Oídos sordos a viejos odios. Y es que lamentablemente las cosas entre la izquierda y la derecha parecen haber quedado tan difusas en ese supuesto “Centro” bicéfalo que forma el PP-PSOE, que hoy todo vale. Pero no es así, ni el PP es un partido de centro ni el PSOE es socialismo.

El problema actual .que estadísticamente sólo le preocupa a un 4% del conjunto español- podría ser planteado con trasparencia y simplicidad: Si el modelo de Estado centralista, en su intento centenario de implantarse en la península, ha fallado, pues entonces tendremos que reconfigurar el Estado -Constitución incluida- y formular un Estado Confederal. Pero ¡atentos!: Café para todos.
Cada ex-comunidad autónoma tendrá derecho a autodeclararse “nación” sin injerencias de ningún tipo y toda comunidad que se reconozca como tal pasará a ser considerada nación por el conjunto español: sea Andalucía, Valencia o Asturias, patria querida.
Lo que no puede ser, es que las hermanas más pobres -Extremadura o Canarias- se queden en carácter vinculante y dependiente de Madrid, mientras otras bailan solas.

Personalmente jamás me opondría a unos Estados Unidos Ibéricos, pero me temo que aquí hay dos problemas. El primero, que no todas las comunidades quieren alcanzar esa autonomía; y el segundo, que lamentablemente los más ricos sacarán una ventaja a “ser solos” que los pobres difícilmente encuentren.
Pongamos como ejemplo al movimiento independentista canario. Casi todo quisqui considera esa opción como un suicidio por sus implicaciones económicas. ¿Qué sería de Canarias fuera del cerco benéfico de la Unión Europea?

Muchos de los reclamos del PP: “cambien la constitución”, “crearán un Estado insolidario”, “Cataluña está siendo implacable con el uso oficial del castellano” son verdades grandes como una casa a la vez que son conocidos cantos de sirena. Muchas veces los partidos de derechas han utilizado reivindicaciones justas para cautivar a la población y ejecutar un programa que poco tiene que ver con la justicia social De hecho, cuando PP ataca a los nacionalismos periféricos no lo hace por ser antinacionalista, sino por defender al españolismo y a su modelo centralista de Estado.
Hoy más que nunca es irritante ver esta instrumentalización de nuestros reclamos por parte de la derecha. Tanto o más que corroborar que ningún partido de izquierdas se ha molestado en evaluar estas reivindicaciones, más bien han querido censurarlas.
Tanto el PP como el PSOE han hecho lo mismo -sea con Piqué como con Rodríguez Ibarra: silenciar a los disidentes- mediante distintos métodos.
Mientras tanto nosotros nos hemos quedado solos, solos, solos.