Ante todo, calma


05/02/2006
Los graves acontecimientos que se están produciendo a raíz de la publicación de las caricaturas del Profeta sólo satisfacen a quienes auguraron un apocalíptico “choque de civilizaciones”. Desde nuestros inicios, los seres humanos estamos llamados a entendernos como individuos únicos y sociables. Hay dos realidades paralelas: el Islam prohíbe la representación de Mohammed a sus fieles, pero no a quienes no lo son y cada responsable de prensa decide hasta que punto tener en cuenta la sensibilidad de sus lectores, lo que incluye el respeto a sus convicciones más íntimas.
Desde aquí defendemos la paz y con ello procuramos conciliar lo irrenunciable: el derecho y la fe, siendo conscientes de las dificultades que este concilio ha generado a lo largo de la historia. Por ello reproducimos el escrito de Reporteros Sin Fronteras apoyando, no a la institución, sino a su mensaje.

Las caricaturas del profeta Mahoma, ¿Cómo conciliar libertad de expresión y convicciones religiosas?
"Aunque comprendemos que muchos musulmanes se hayan sentido conmocionados con su publicación -el Islam prohíbe cualquier representación humana del Profeta- eso no justifica los llamamientos a la violencia, ni las amenazas, vengan de donde vengan".

Y Reporteros sin Fronteras añade: "En el caso que nos ocupa, es necesario redimensionar los hechos en su justa proporción. Los periódicos que han publicado las caricaturas pertenecen a países donde la religión es un asunto privado: en esa tradición, la libertad religiosa va acompañada de la libertad de expresión, que incluye el derecho a lanzar mofas contra las convicciones que no se comparten.
“Igualmente, es necesario recordar que, en esos mismos países, la prensa es independiente de los poderes establecidos. Sus posturas y opciones editoriales sólo le comprometen a ella y, por tanto, en ninguna manera a las autoridades de sus países ni a sus conciudadanos".
Reporteros sin Fronteras hace un llamamiento a los responsables políticos y religiosos de los países musulmanes, así como a la prensa del mundo árabe, para que hagan todo lo que esté en su mano para calmar los ánimos, de forma que pueda establecerse un debate sobre las concepciones de unos y otros.

De la misma manera, la organización pide a todos en Occidente que se dediquen a tranquilizar y evitar toda provocación.
¿Cómo conciliar la libertad de expresión -de la que muchos, allí donde vivan, sienten una imperiosa necesidad- con el respeto a las convicciones más profundas de todos y cada uno?
Que "el asunto de las caricaturas" nos ayude al menos a encontrar una respuesta a tan espinosa pregunta. Reporteros sin Fronteras se compromete a facilitar ese debate con todos los que -felizmente son mayoría- prefieren el diálogo al enfrentamiento.