Sordos oídos a un grito


Hoy “La Vanguardia” del 15 de agosto del 2004, publica: "Decenas de miles de inmigrantes se preparan para llegar en patera desde África". Huele a alerta de invasión y no es casualidad. En sus últimas ediciones este medio ha abandonado la cómoda página 30 de “Sociedad” para dedicarle portadas al tema de la inmigración utilizando siempre el sensacionalismo, el tono xenófobo y la falta de autocrítica para acercar a sus lectores una realidad que merece ser tratada objetivamente, desde el respeto y la sobriedad.

Los tejes y manejes de la prensa española son harto conocidos, lo preocupante en este caso es la falta de sensibilidad con la que los lectores de este periódico incorporan las tristes noticias. A saber: según Atime 4000 personas han muerto en las costas andaluzas en 1997 y sin embargo en el fin de semana del 1ero de Agosto 259 inmigrantes fueron interceptados por la Guardia Civil, por lo que los números no cuadran...
Si es cierto aquel titular de la página 25 del día 4 de Ago. de “La Vanguardia” según el cual “un millar de inmigrantes sin papeles colapsan los centros de acogida de Ceuta” y una alerta roja no estalla en el corazón de los ciudadanos españoles, ni las calles se llenan de protestas, entonces algo huele a podrido en este país.

El atentado de Madrid del 11-M, con mucha razón, provocó una ola de indignación general en este país, que los cientos de cuerpos que se están apilando muertos sobre la arena de las costas sureñas no despierta. Parece que el Forum de las Culturas 2004 de la “Ciutat comptal” no está dispuesto a alzar más que fuegos artificiales, la opinión publica no se preocupa más que por el bochorno de +35º que asola Andalucía y como ha disminuido el turismo. Hasta que un esperado día alguien hojee los periódicos españoles de este verano y no pueda creer que habiendo 17.302 inmigrantes en el mal llamado “campo de acogida” de Fuerteventura –mejor dejémoslo en campos... con las reminiscencias que valga la pena tener en mente- 9.562 en Cádiz y 4.115 en la isla de Lanzarote, la más absoluta indiferencia viva y reine en este país.
Las princesas veranean en Picos de Europa, Zapatero se pasea por las Baleares y la sucia tinta de los periódicos saca fotos de pieles de ébano deshidratadas bajo un sol inclemente.

Cuando a nadie le importa la desgracia del otro, es porque uno es un desgraciado. Cuando la muerte no interesa, es porque los intereses son otros. Aquí la impunidad apesta. Esto no es “una invasión” -como dice "La Vanguardia"- de africanos desesperados que quieren “saltar a Europa” para sacarnos el plato de comida, -¿Come usted, señora?-. Nadie invade nuestra paz porque nosotros ya estamos muertos.