Sida


Los altos mandatarios de la Iglesia española parece que finalmente se han retractado del mensaje anteriormente emitido en el cual se negaba la efectividad de uno de los métodos contraceptivos más utilizados que, además, sirve de barrera para las enfermedades de trasmisión sexual entre las cuales se incluye el SIDA. Pero la corrección es, para variar, ambigua, y continúa en la linea enterior que proclamaba que “no existen pruebas científicas para afirmar que la profilaxis sea una forma efectiva para impedir la trasmisión del virus HIV”.

El daño que generan este tipo de afirmaciones es incalculable y devastador. Millones de euros se están invirtiendo en mensajes publicitarios, campañas de prevención, distribución y alerta en todo el mundo. La humanidad entera se une, finalmente, en un esfuerzo tan insuficiente como inmenso para frenar el avance de la infección y la Iglesia continua, con todo su inmenso poder de convicción sobre miles de personas, perforando este efuerzo, dañando al conjunto de la Humanidad. Ofrecen en cambio un modelo improbable de comportamiento humano: la monogamia absoluta. La propuesta es inválida por razones obvias, es imposible que todos los seres se mantengan fieles a un patrón de comportamiento, y en el caso del sida, basta una excepción para que se genere una tragedia.

No todo es sexo en cuanto al sida, la sanidad también tiene un papel importante a la hora de utilizar material esterilizado, y no únicamente los drogadependientes deben estar al tanto de ello sino todo aquel que se somete a una vacuna, a cualquier inyección. Pero es del sexo del que vamos a hablar aquí. Y dado que este es el espacio propicio para ello, vamos a extendernos en ello.

El sida no se mueve en un único continente, no está ligado a ninguna raza, no depende de ninguna orientación sexual. Es un virus -el virus de inmunodeficiencia adquirida- y por ser un virus no distingue en que organismo se introduce porque se mueve a nivel celular. No es un organismo consciente, no distingue el hecho de que una mujer esté enamorada, que un hombre sólo tenga 16 años, que aquel momento sea el más mágico de tu vida ni que el organismo que lo porta se vea sano y bellísimo esa noche, y muchas noches más. Comprender esto es crucial.

La opción más segura no es ser monogámico y comprometernos ante dios a que el otro también lo será. El virus no tiene que ver con Dios, no es un castigo ni una prueba, ni tan siquiera un llamado de atención divino. No tiene absolutamente nada que ver con Dios ni con la Iglesia, sino que atañe a los individuos. Aquí, o se cierran las puertas y se evita toda relación sexual que implique penetración y/o ingesta de semen, sangre o fluidos vaginales; o se protege la puerta de entrada con un condón. En la penetración, el condón, si se utiliza correctamente y no se rompe, nos permitirá ser inaccesibles ante el virus.

Este es el momento en el que todos intentemos hacer todo cuanto podamos para evitar más trasmisiones. Sólo una conciencia colectiva, un mensaje claro, una actitud mayoritaria generará una diferencia. Estamos haciendo frente a un virus, luchado contra él, no contra los infectados. Estamos intentando comprender como evitar más contagios, no formar dos bandos entre infectados y sanos. Estamos trabajando en equipo, en cada relación sexual, tu actitud nos atañe, nos involucra a todos porque somos una sociedad. Estamos compartiendo comprensión y apoyo, no sentencias. El virus se encuentra en altas concentraciones en el semen, en los fluidos vaginales y en la sangre, no dejes que entre.