Purpurina en el Congreso de los Diputados


03/11/2005
Ayer el Congreso de los Diputados español fue un circo. Un circo maravilloso de luces, de colores, de sombras prolongadas, de payasos y malabaristas. Hubo bestias, hubo domadores. Hubo monos y piruetas, y ovaciones, y risas. Y al final todo quedó en bellezas que sonreían entre aplausos limpios como patenas.

Dejadme que os lo cuente: Todo empezó, porque todo tiene un comienzo, con el presidente Zapatero en Wonderland.
Fue maravilloso, el brillante Cielo bajó para instaurarse en este lado de la Península Ibérica y no queda vida inteligente que no quiera residir en el país más pujante de Europa: España.
Zapatero nos habló de una nación de naciones maravillosa, tan bonita que me hizo saltar las lágrimas. En ella no había empleos precarios ni explotación laboral, nadie discriminaba a nadie, y los inmigrantes se jugaban la vida en las fronteras sólo para venir a bailar unas sevillanas. En el País de las Maravillas no existe la mentira, ni la injusticia, ni la pobreza. Todos tenemos de todo, como nunca antes, por siempre jamás.

Luego el escenario se llenó de un fuerte olor a incienso, de temor a Dios, y el señorito Duran, de Convergencia y Unión, bajo la mirada de un despeluchado Yoda, nos habló del Señor, de los valores de Familia y de todos los respetos que la derecha más acérrima catalana merece. Yoda, con sus negros ojitos brillosos daba sabios cabezazos desde la tribuna. Cristo aparecía en el Congreso de los Creyentes como la vedette principal. Y aquello que yo creí que era sólo un circo, era en realidad un cabaret.
Eran buenas y eran guapas: la política de igualdad, la consolidación de la libertad y la cruzada contra la catalanofobia, se hacían verbo.

Esperaba pisar tierra, en algún momento, pero me quedé en las nubes cuando el portavoz de la ERC hizo su aparición. No creerías cuan grande puede ser la nueva Cataluña. Es un lugar de ensueño, donde todos son iguales, y seguíamos en el Cielo.

El decorado fue alucinante: detrás del portavoz del PNV pusieron un Parlament inmenso, representativo y democrático. A mi me dio miedo ver ese molino tan grande, pero dijeron que la voluntad de todos los charnegos es enterrar para siempre la lengua del Quijote, así que me lo creí.
Para el Parlament, así como para el PNV, la Constitución es un libro ambiguo y antiguo donde cada uno lee lo que quiere. No podemos basarnos en él, hay que oír al pueblo. Todo quisqui habla catalán en Cataluña, eso es cosa sabida. Y a los que no, les obligaremos. No hay que tener miedo porque los cursos de polaco que organiza la Generalitat son gratuitos. Hay que temer a lo otro. Y el PNV condenó al españolismo nacionalista porque “ese sí es nacionalismo del malo”.

¡GLORIA, HERMANO! Parece que los libros de Historia mienten, el nacionalismo no engendró la segunda Guerra Mundial, no nutrió al nazismo, ni al fascismo, ni al franquismo. No, que va, existe un nacionalismo “bueno”. El nacionalismo vasco y catalán que hace germinar margaritas en las tumbas de esos monstruos.

En resumen, lo que entendí es que, según todas las bailarinas, menos una díscola, la Consti como Madame de la Noche del Congreso, es abierta, flexible e intocable, así que hay que evitar hablar mal de ella.
Fue increíble que la crítica más válida de la noche la haya dado Rajoy. ¡Imaginad hasta donde hemos llegado que son los de derechas los que nos advierten de los riesgos del catalanismo!

Pero es que era imposible oponerse, si vieran, como se pavoneaba esa noche el Catalanismo en la pista. Era todo brillo, todo pluma y camuflaje. Aparecía entre los gritos del público, colgado de su trapecio, con su voz de sirena. Cautivó corazones. ¡Que calores! Nadie pudo esperar a que el Tribunal Constitucional le de letra, "¡Que cante lo que quiera, bienvenida sea!" Y entonó un repertorio tan largo con tantas voces distintas y contradictorias que nos dejó embobados. "¡A la mierda la constitucionalidad!" dijo la señora de al lado entre lágrimas. Todo sea por la “plurinacionalidad”, el “federalismo”, la “república” y la paz, dijo Llamazares.

Yo dudé, mal cristiano, si decir que las vedetes sólo quieren llevarse una tajada más gorda. Yo, que veo al show catalán excluyente y nacionalista, me he callado, porque el dueño del cotorro es un oligarca antimadridista y yo soy un espectador de pie, sin un duro…

Pero confieso que dudé, ¿mejoramos cuando reemplazamos la vieja herencia centralista por este nacionalismo de purpurinas? ¿No debería la enriquecida bailarina polaca formular su proyecto desde la constitución y ayudar a las feuchas del fondo de pista?
"¡Chita!" Gritó el dueño del Circo. La música estaba muy fuerte y había sido compuesta por un tal Joan Fuster. Los seguratas del franquismo habían acabado su jornada así que pensé en escaparme, pero me di cuenta de lo pronto que eran reemplazados por catalanistas, “Más conviene quedarse calladito y aplaudir”, dijo un hombre barbudo y canoso con acento extremeño. “Los catalanes te echarán del trabajo si no dices “Mercí” a fin de mes”.

Ya estaba cansado de tanto revuelo cuando salió la Madame a escena. Era el cierre, el show debía terminar, pero no fue así. Las bailarinas más enjoyadas pidieron un porcentaje de la recaudación y amenazaron con montar su propio circo.
Con la cabeza hecha un bombo me escapé por donde pude y oí a una de las guapas de este prostíbulo gritar desde la puerta del circo: “¡Si aquí no se baila sardana, me piro con todo el joyero!”