Odios inmortales sobre gente común


-¿Pero qué se han creído? ¡Esto es el colmo, señores!- Esos ojillos acuosos sepultados bajo una profusión de rulos oxidados miran con desprecio a un camerunés. El camerunés se mueve al fondo del bus mientras un chaval se tapa la nariz. La señora mayor que está a mi lado abraza su bolso como si escondiera secretos de Estado.

No es un autocar de la Asociación Católica de Propagandistas, es un autobús urbano en hora punta. Un transporte usual, en una ciudad común, gente normal y yo a punto de gritarles: ¡Idos carajo, imbéciles! Pero me contengo.
Hoy los fachas que piden “civismo”, son los bisnietos de los que en el siglo XIX pretendían “civilizar” al mundo. Vieja cadena de predicadores del odio, aprendices de inquisidores, ayudantes de dictadores, fervientes xenófobos, monstruos varios.
Hoy vuelvo a constatar que por mucho que intentes hacer, el racismo se enseña y reproduce, gobierna y avanza con mucha más virulencia que la tolerancia. La no-violencia de Mahatma Gandhi finalizó un día de Enero del ’48 con tres disparos desgarradores.

Yo, que no soy ni Gandhi ni Harold Pinter, pero que también pienso la invasión de Irak fue "un descarado acto de terrorismo" de Estado, un “acto bandido y una demostración de un desprecio absoluto a las leyes internacionales" sospecho que si el mismísimo premio Nobel de Literatura 2005, lanza una acusación tan seria y no pasa nada, nada va a pasar.Si alguien de prestigio social, reconocido internacionalmente, admite abiertamente que "hemos traído torturas, bombas masivas, uranio, innumerables actos de asesinatos aleatorios, degradación y muerte para los ciudadanos iraquíes y lo hemos llamado libertad y democracia para Oriente Próximo" y Blair y Bush se pasan sus declaraciones por el culo, status quo.
Todo el peso moral de este señor se anula al mover unos hilos y sus palabras sólo son noticias de un día. Miradme a mí, minúsculo, insignificante. ¿Qué puedo hacer yo?
Cierro el grifo cuando me lavo los dientes para no derrochar agua mientras Estados Unidos de América se niega a firmar el Protocolo de Kioto sobre el cambio climático. ¿Van a hablarme del granito de arena?
No, gracias. Paso. Yo no soy educador social ni sexual. No puedo batallar desde un blog ni desde mi día a día con cíclopes miopes y gigantes inmortales. Hoy me he cansado de intentarlo. Porque, al igual que hace año y medio, cuando extraje de la letra de Cohen “Everybody knows” unas líneas para escribir “A de Afganistán, Ay de Irak”: todo el mundo sabe que los dados están trucados, que los chicos buenos perdieron… y que no haremos mucho más al respecto.