Últimas noticias desde el Infierno: los esclavos huyen


23/02/2005
Hace tiempo que el blog anda parado. Quien lo visite de cuando en cuando será buen testigo de ello. A través de estos artículos se ha dibujado un camino de tratamiento de noticias, opiniones y hasta alguna que otra exigencia que ha llegado a su fin. No porque la lucha contra la xenofobia haya terminado, sino porque cualquier recorrido finaliza cuando se llega a una formulación definitiva.
Asistiendo a la pequeña y breve conferencia que Javier de Lucas hizo para la Universidad de Valencia, asistí a una declaración que, por tan elemental, se me pasó por alto: “los inmigrantes, legal y socialmente, deben tener los mismos derechos y obligaciones que los ciudadanos, al punto de que el inmigrante –que paga impuestos directos e indirectos, está sujeto a las leyes locales, etc.- o sea, que tiene muchos deberes que cumplir en el ámbito económico y legal de una sociedad sea, sin excepción, un ciudadano del país que habita”. Esa es la única meta posible, la igualdad entre ciudadanos y no ciudadanos, la muerte del término meteco.

No es sencillamente un manifiesto, es un derecho. Y debe ser reconocido como tal por la legislación de cada país, en primer lugar, y por la sociedad que lo componga.
Lo primero es posible hoy mismo, pero representaría un giro de 180º a esta Unión Europea que gana terrenos legales creando nuevos e indignantes status para los inmigrantes a través de su constitución, como es el de “trabajador extranjero con permiso de residencia”, o sea, trabajador sin derechos.
Lo segundo, el cambio social, se conseguirá sólo cuando la generación corrupta y xenófoba que nos influye y gobierna, así como sus votantes, pasen a la historia y mueran cómodamente en sus camas mientras los cuerpos flotan en el Estrecho.
Será, acaso, otro de esos cambios históricos graduales que arrasarán con miles de vidas inocentes.

Por lo pronto, el trayecto finaliza cuando se niega el status de inmigrante y se exija el de ciudadano. El derecho a que cada individuo pertenezca al lugar donde quiera en tanto y cuanto se amolde a los lógicos deberes y derechos de ese lugar, la raíz del verdadero civismo, del auténtico sentido de la convivencia.

Me olvidaba que no me creo eso de “los inmigrantes...”, se me olvidó, por un momento que, aunque muchas empresas sean esclavistas yo no creo en las bases que justifican la esclavitud, así como niego las razones por las cuales nos tachan de inmigrantes por más que eso me convierta o no temporalmente en “ilegal” o en “sin papeles”. Y si he llegado a esto no es porque yo no crea en la Ley, señores, no me malinterpreten, sino porque creo en la justicia social y fundamentalmente, en el individuo.