Islamofobia barcelonesa


11/09/2004
En Barcelona un grupo de pakistaníes se cansó de esperar y compró con su propios medios un terreno para erguir un templo musulmán. Es natural, el Ayuntamiento y la Generalitat habían prometido construir un gran templo –los nueve existentes en la capital catalana son habitaciones de techos bajos y proporciones minúsculas- en las afueras de la ciudad, más precisamente en Premià del Mar, a lo que los vecinos respondieron manifestándose en contra y fomando un grupeje pseudopolítico de ultraderercha que pretende representar a los intereses de la cristiandad cual Caudillo resucitado. Por lo que los proyectos oficiales, mágicamente, desaparecieron.
Si esta historia resulta escandalosamente indignante, lo de la Asociación de Vecinos del Raval encabezada por la patética figura de Pep García no tiene nombre. La asociación barcelonesa exigió al Ayuntamiento la inmediata demolición de las obras del templo musulmán de fondos pakistaníes, alegando falta de permiso de obras y vaya uno a saber que imbecilidades más. Vamos, que nos enfrentamos a la misma islamofobia de siempre.
Barcelona es considerada la cuna de Gaudí –aquel santón que aceptó dinero de la familia Guell, afamados esclavistas y les construyó un parquecito para que se aireen y refesquen cuando no estuvieran traficando con vidas humanas, entrado el siglo XX-. Pero aquello que los turistas que se pasean por la Gran de Gracia ignoran que ésta también es la Barcelona impune, construida con manos inmigrantes, que reclutó a murcianos y andaluces en los suburbios del Hospitalet confinándolos a los sectores laborables de mayor explotación y menor categoría. Esta es la Barcelona repugnante que participó de una manifestación bajo el lema “no más inseguridad” en el 2000 que acabó en un pogromo donde un centenar de vecinos intentaron linchar a dos argelinos. Esta es la misma Barcelona hipócrita que se disfraza de Forum de las culturas sólo para recaudar beneficios de la explotación inmobiliaria costera y del turismo incauto.
A los vecinitos del Raval y a los políticos de turno, cada uno en su pupitre por las dudas, habría que darles una clase urgente en plena plaza Sant Jaume -y eso sería el Forum de la incultura- en la cual recordarles algunos artículos de los derechos humanos. A saber:

Artículo 4: Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.

Artículo 7: Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.

Artículo 13: 1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. 2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.

Artículo 14: 1. En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país. 2. Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.

Artículo 15: 1. Toda persona tiene derecho a una nacionalidad. 2. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.

Artículo 17: 1. Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente. 2. Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad.

Artículo 18: Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

Debemos defender al estricto cumplimiento de nuestros derechos esenciales, aquí, en el continente que se hace llamar “la cuna de la civilización occidental” y acabar con estos atropellos cometidos por grupos cívicos –y no continuar con el discurso fácil de que la culpa es de un determinado sistema político-económico-. A ver si en Barcelona aprendemos a ser más humanos.