Inadaptados -y tan felices...-


Existe una creencia generalizada de que la integración permitirá a los marginados en general y a los inmigrantes en particular, alcanzar una condición de igualdad respecto a los no-marginados.
Endrentemos la creencia generalizada de que al suplir las propias "carencias", lease: desconocimiento de la lengua, diferencias culturales, falta de informaciones necesarias los propios inmigrantes “reconstruirán los referentes propios esenciales”, “valores familiares y nuevos valores o conductas sociales” que les permitirán ser iguales “a los no-marginados”.
Lo que vale la pena cuestionar es si los inmigrantes marginados alcanzarán la igualdad o es la eliminación de sus diferencias lo que los hará iguales.

Analicemos estos nuevos valores que la integración les aporta a los inmigrantes. Teniendo en cuenta que la integración es un proceso que sólo existe al contraponer “elementos de integración” versus “los de conflicto”, como si existieran elementos conflictivos por sí mismos...
¿Qué aspectos de la vida de estos inmigrantes deben cambiar para que pasen a ser considerados parte de la sociedad?

“Cabe establecer una distinción” -dice nuestro amigo de la UNESCO Anthony H. Reichmond- entre el nivel de aculturación obligatorio e indispensable para la supervivencia económica y social del inmigrante en el nuevo medio y aquellos otros aspectos de la aculturación que son optativos.”
Como ejemplo de ello, este autor propone que “un jornalero que trabaja de peón en una obra tal vez no necesite saber leer y escribir su propia lengua, o incluso comunicarse oralmente en la lengua de la mayoría para desempeñar su quehacer eficazmente.”
Herrera Alonso, para Cáritas Española, menciona el respeto de “la igualdad de derechos entre cónyuges, etc, que han significado tantos sacrificios a Occidente” como un derecho que los inmigrantes –en este caso no occidentales- deben incorporar a sus vidas.

Este punto merece un análisis minucioso ya que constantemente los inmigrantes musulmanes son considerados marginales por el trato que les dan a sus mujeres. Su machismo, se cree, impide la integración.
En realidad esto es completamente falso. No es el machismo en sí un impedimento para que los inmigrantes musulmanes sean considerados parte de la sociedad, sino como se manifiesta ese machismo.
La sociedad española, a través de un análisis de los casos de vejaciones contra mujeres, discriminación laboral, violencia doméstica, verbal, etc., es decididamente machista. Dentro de ella lo que resulta irritante de este machismo que se identifica como “musulmán”, son las diferencias a la hora de expresarlo.
Evidentemente este hecho también se niega y sin ir mas lejos M. À. Roque, para la revista “Papers” de la UAB, analiza las parejas de origen marroquí como un fenómeno, un caso de respeto hacia los derechos de la mujer y comenta cómo el cónyuge “ha resultado un hombre abierto y la deja vestir y actuar como a ella le guste.” Ahora bien, ¿esto lo hace un adaptado o un inadaptado, según los patrones de comportamiento más comunes de la sociedad española?

Podríamos seguir identificando y analizando todas las diferencias que los inmigrantes marginados deberían limar para ser considerados como parte de la sociedad que los margina. Pero semejantes diferencias, estéticas, religiosas, alimenticias y de comportamiento se pueden resumir brevemente si admitimos que aquello que se les exige a los marginados en general y a los inmigrantes en particular, si quieren formar parte de la sociedad, es que se sometan en todos los aspectos de su vida a la visión que la sociedad tiene de sí misma, al ideal. No a la realidad de lo que es.