"I tu, d'on ets?"


“-De Marte-” Es la respuesta más consecuente a una pregunta absurda. Antes que tu nombre, tu razón, antes que nada, mi destino es enfrentar la pregunta: “¿De donde eres?” acompañada de una mirada curiosa e inquisitiva, gallinácea, una y otra y otra vez, hasta hartarme.

A veces los inmigrantes sentimos que todos los ciudadanos españoles padecen un síndrome de guardia fronterizo. ¿No hay acaso cien mil cosas más trascendentes para una persona que su nacionalidad? La curiosidad es común, me explican, es obvio.
Pero tener que responder siempre a la misma pregunta, te harta. ¿Acaso eso no es también lógico?
Todos tenemos derecho a una nacionalidad, cierto, pero no todos creemos en ella.

La idea de nación ha atrapado firmemente a un alto porcentaje de la población de los Estados ricachones del “primer mundo” y ha sido hábilmente utilizada en beneficio de las naciones, no de las sociedades, en las dos guerras mundiales. Pero retornando al tema, en un segundo nivel, el rechazo que experimento no es a la pregunta boba en sí, sino a la concepción de esa idea.
Los apátridas somos aquellos que no tenemos –bien puede ser por no reconocer- nación alguna. Huérfanos de patria, caminamos bajo las insignias murmurando, sabiendo que somos muchos.
A nosotros la visión de una bandera sobre las astas nos remite, como mucho, a una mera realidad geográfica. Y en parte por ello –y por los horrores causados- repudiamos la creación y manutención de la nación y del nacionalismo, entendiendo por nacionalismo esa idea de miras tan estrechas como es “los míos y los demás.”

Cuando alguno habla de “mi país” a veces nos parece estar oyendo la voz de algún fantasmal monarca que se ha visto forzado a abdicar. “No, ningún país es mío. Yo no tengo país”. Y nos sentimos realmente incómodos con aquellos que cometen el exceso de exigirnos, cuando nosotros mismos no lo hacemos, identificarnos con nuestro lugar natal.
-¿Pero de algún lugar serás, no?-
-Básicamente soy de donde estoy, señora...- Como los estudiantes anglófilos de castellano, no distinguimos el ser del estar en este punto.

¿Cómo conseguir que los nuevos patriotas comprendan que la consigna “liberté, egalité, fraternité” no pude cumplirse en el Estado-nación, porque el Estado reprime y oprime, porque mientras exista nación y nacionalismo siempre habrá un deseo de enriquecer un Estado sobre otro(s).
El Estado es una especie de proyección del Ego individual. Así, una de las finalidades del Estado es defender sus fronteras, riquezas e intereses. ¿Cómo no van a existir, entonces, el hambre, la guerra y el caos que ambas engendra? -Y no, señora, no hay naciones solidarias, nunca las hubo ¿Puedo irme ya?-