En el labavo público


Casi 31.000 personas forman el núcleo urbano de Almendralejo. Es una ciudad pequeña, perdida en el corazón de Extremadura, encajonada por un escudo de sierras y arropada por una inmensa nube de contaminación procedente de las alcoholeras y de la quema de residuos vitivinícolas.
Estos problemas medioambientales son realmente serios, sobre todo cuando forman parte de un entramado de intereses económicos y alcaldías corruptas. No estamos hablando de la explosión de Hyderabad pero, os lo puedo asegurar, tampoco es la fiesta de la espuma.
El portavoz del gobierno municipal ha declarado recientemente, en respuesta a las peticiones de cese y cierre por contaminación atmosférica, que «está demostrado científicamente que los olivos que hay en los alrededores de la ciudad perjudican a las personas que son alérgicas y nadie ha pedido que desaparezcan». Extremadura, si vale la pena desde aquí promulgarlo, tiene una larga tradición en caudillos ad aeternum que esta democracia no ha conseguido extirpar…
Ecologistas y gente de pie están en alerta ante la situación actual, así como ante la refinería planeada por el Grupo Alfonso Gallardo y han creado una Plataforma contra la contaminación. Puedes visitarlos en perso.wanadoo.es/plataforma_cc. A lo largo de toda la Ruta de la Plata se puede leer como esta Tierra de barros ha marcado sus muros con el slogan “refinería no”.

Yo, atendiendo a unas urgencias fisiológicas más habituales, cierro la puerta del lavabo de la Estación de Autobuses, que por alguna extraña razón estaba abierta, y me dispongo a mear cuando en el reverso de la puerta leo: "España de Marruecos como en el siglo 8" y abajo continúa "dos marroquíes buscan dos maricones para robarles y matarles a ellos" (sic.). Todo perteneciente a una misma caligrafía generosa con sus errores de ortografía y horrores de redacción.
La verdad es que esa puerta plantea un dilema. Paso por alto la idiotez de la España marroquí porque esa es una frecuente manipulación histórica, falsa y gratuita que suele inundar la cabeza de los extremistas del sur. Los del norte, llamaban al Sahara español y hablaban de “reconquista” para referirse al avance territorial católico en el medioevo.

Ambas posturas son igualmente erróneas, ni existía una reconquista -toda la tradición visigótica estaba más que perdida para cuando los reinos del norte se expandieron- ni eran “marroquíes” como hoy los entendemos aquellos que desembarcaron en la península ibérica en el siglo VIII.
Lo preocupante es que la homofobia y la misoginia también cruzan el estrecho. Una mujer tiene todo el derecho a cubrirse y descubrirse lo que le plazca, aquí, allá o en Indochina. Lo inquietante es conocer casos de homosexuales que cumplen condena por ser tales en Marruecos o de mujeres que viven sometidas a ridículas restricciones coránicas en España.

Yo defiendo la multiculturalidad a ultranza. Por ejemplo, creo seriamente que no tener sexo hasta los 18 en un país como Somalia sería totalmente absurdo, dada la altísima tasa de mortalidad infantil que existe en África oriental y la pobre esperanza de vida. Por lo que comprendo que las prácticas sexuales comienzen a edades distintas en lugares diferentes. Pero la mutilación genital infantil me genera un dilema. Sí, es parte de su cultura y no puede realizarse por ley en Europa ni quienes la realizan en su país de origen pueden introducir a esos menores sin ir presos. Pero ¿debe ser permitida? Antropólogos de la UAB han planteado este dilema -arrestar a padres que creen que están haciendo lo correcto es complicado- y es difícil llegar a conciliar prácticas ancestrales con reivindicaciones modernas.

Cada cultura impone su ley de acuerdo con sus creencias, eso está claro, pero que sucede cuando ello significa perseguir, lapidar o arrestar individuos que en Europa podrían vivir haciendo lo mismo en total libertad.
Ser infiel no es lo mismo en Irán que en Francia, ese affair tiene precios muy distintos según donde y quién lo viva. ¿Debemos globalizar nuestros criterios "occidentales"? ¿Y no caeremos prácticas abusivas como Estados Unidos en su empeño de autodenominarse defensor de la democracia? ¿Deben imponerse unos criterios sobre otros? ¿Cúales? ¿Cómo se impondrán y sobre quién? ¿Por qué razón no son los valores iranianos los que deberían imponerse?

Somos un mundo comunicado en nuestra propia incomunicación y no tenemos una única ley, sólo compartimos una misma humanidad. En la práctica esto significa que nuestra diversidad muchas veces atenta contra los derechos humanos más básicos.
En España los homosexuales celebran su boda en bonitos hoteles, a unos pocos kilómetros, en Marruecos, esa unión te llevaría a la prisión por un mínimo de cinco años.
Ya acabé, me cierro el pantalón mientras me miro en el espejo y cruzo la puerta del lavabo más confundido que aliviado. Es posible que reeducar a los inmigrantes más jóvenes sea una solución en España, pero para resolver ese otro dilema vamos a necesitar más que una manito de pintura sobre esa puerta.