12 PM


Cuando se extinga el resplandor de tu antorcha y los pies se peguen al camino, ¿Qué harás?
Al reloj no le quedarán más horas, verás descarrilar al tren de tu vida en una curva diminuta. No te fíes de las vías, ellas van mucho más allá, más lejos que tu destino.
Cuando sea poco el tiempo que quede, ¿sabrás distinguir las señales? ¿Habrá signos al final de este viaje?
Cuando quede un último segundo de vida, y no consigas tomar una última bocanada de oxígeno. ¿Qué me dirías?

"El camino fue duro, largo e insoportable. Una constante de pérdidas e inviernos. Y hubo momentos dulces, pasionales". Leí en francés que si cada uno pudiera ver su futuro por una cerradura, correría a matarse. ¿Tú qué crees?

Cuando era pequeño, apenas apagaban las luces de mi habitación, solía sentir pánico al recordar algunos momentos vividos, entonces me aferraba a la almohada llorando. Soñaba que alguien podría venir y protegerme. Era un cuerpo casi palpable, alguien que me evitaba todo el dolor, la encarnación de mi sentido de justicia, supongo. Una figura masculina, poderosa.
En estas noches, las de estos últimos años, he abandonado ese tipo de fantasías. Es más, he llegado a temerlas. Las noches cada vez son más largas, más frías. El viento ulula por las cornisas. Uno no debería abrazar más fantasmas durante el siguiente invierno ¿No estás de acuerdo?

Aún no es mediodía y ya parece las ocho de la noche. El sol ha abandonado su calor. La mesa está pobremente iluminada. ¿Has comido? Pronto tendré que irme, pídeme algo si lo necesitas. Ayer me fui sin hacer ruido porque no quise despertarte. A veces creo que llegaré y te encontraré tendido sobre el suelo de la cocina. Mientras menos tiempo estés despierto, menos piensas. Duérmete. No será una solución pero es una forma de evitar el dolor. Es todo lo que queda de lo que fue tu vida. Y como ambos lo sabemos, no vale la pena seguir fingiendo. No soy nada religioso, pero verte me da ganas de rezar. Sí, ya me callo. Duérmete.