12 AM


Ni una palabra más. Los dos nos separamos como si nunca hubiéramos estado juntos. Yo lloré aquel día que él bajó a despedirse. Y por más que intenté volver vagamente, varias veces, él nunca me dio luz verde para ello. Supongo que cree que será más feliz sin mí.

Ni una palabra más. Camino a la estación mi respiración se cortaba por los sollozos. Creí que irme era una forma de cortar con el daño que nos hacíamos mutuamente. Mutilé varios sueños de tener un hogar con él. De criar codornices en otoño y golondrinas en verano. Badajoz se llena de golondrinas. Madrid, en cambio, tiene fachadas negras y alerones hostiles, altísimos e inalcanzables.
Regresé. Cuando llegué a la playa pensé en enviarle una postal. Me descalcé y me metí al mar, vestido como estaba. Toda la negra bahía se llenó de una densa niebla marina. Y, es verdad, yo me asusté de mí mismo.

Ni una palabra más. Antes que amanezca quiero dejar este sentimiento atrás. Es de noche, noche abierta, medianoche y yo, por alguna razón, siento que amanece. Me hubiera encantado, entonces, girar sobre mi mismo y crear un remolino que sea capaz de engullirme hacia una costa mejor.

Ni una palabra más. ¿Desde cuándo soy exhibicionista? ¿Por qué hacer públicas las intimidades? Mi dignidad me llama a callarme. Siempre he temido la incomprensión de los lectores. Mi furia, verás, debe parecerse bastante a la tuya. Pero no voy a hermanarte con mis desgracias por eso. Esa noche, así, en secreto, admiré mi fuerza o esta insensatez juvenil que me llevó a creer que todo era posible. Y me volví a inventar un yo pasado, retroactivamente admirable.

Ni una palabra más.